Siempre que estuvimos juntos, podíamos estar en soledad. Cada uno por su cuenta y su lado. Pero no. Siempre nos acercabamos, estabamos juntos. De mi parte, te buscaba para saber como estabas o para mirarte y sonreir un rato. De tu parte, siempre fue una incognita. Pero siempre estabas.
Desde Pompeya, en esa casa inmensa de 8 ambientes para nosotros dos, cuando estaba con la computadora te acercabas, mirabas y estabas conmigo. También paso en Prudan, que te acostabas en la cama que estaba al lado de la computadora. O en Muñecas, que empezaste a dormir arriba de la compu. O en Hidalgo, cuando estabas conmigo en el escritorio.
Tal vez la vida no tiene mucho mas sentido que compartir los momentos simples. Estar al lado, como cuando cada uno estaba en su mundo e intercambiabamos miradas, olfateadas o caricias. Pero mas alla de cualquier sentido, sabiamos que era bueno estar cerca el uno del otro. Y esa, era una certeza que ambos compartiamos.
Estar juntos porque nos hacía bien.