Cada mañana al despertarme nos cruzabamos con las miradas. Él, atento, abria sus ojos, miraba unos segundos y bostezaba. Luego se paraba y se estiraba en la mesa o a veces, lo hacía caminando hacia mi. Caminaba unos pasos, estiraba sus patas traseras hasta suspenderlas en el aire y luego seguía caminando. Sabíamos que era la hora del desayuno, yo con mi cafe y él con su platito de comida.
No hace un mes que no estás, y cada día que pasa se me hace dificil recordarlo sin tristeza. Convivo con tantos recuerdos y espacios vacios, sobre todo, son esos espacios vacios. Cada lugar donde deberias estar y ya no estás. Sé que por cada día que pasa, el tiempo te borra un poquito y por eso escribo, porque no quiero olvidarte, porque me asusta la idea de que mi memoria asi lo haga.